VITALISMO



Término del siglo XIX que se aplica a toda doctrina que considere a los fenómenos vitales como irreductibles a fenómenos físico-químicos. Sin embargo esta corriente  lleva a solucionar problemas y a refutar respuestas, pues esto puede significar varias cosas:
1-    Significa que los fenómenos vitales no pueden ser enteramente explicados mediante causas mecánicas.
2-    Significa que un organismo vivo nunca podrá ser producido artificialmente por el hombre en un laboratorio de bioquímica.
3-    Significa que la vida sobre la tierra, y en general en el universo, no ha tenido un origen  natural o histórico, debido a la organización y a la evolución de la sustancia del universo, sino que es fruto de un plan providencial o de una creación divina
Se pueden denominar como vitalistas todas las concepciones que identifican la vida con el alma y le sustraen a toda influencia de las fuerzas materiales.
La característica propia del vitalismo es la de declarar inútil la investigación científica misma de los fenómenos vitales, en cuento que nunca lograría aprehender la fuerza que constituye la esencia de la vida. Los descubrimientos de la bioquímica  en 1928, cuando se fabricó la urea sintética, mostraron la posibilidad de producir en el laboratorio, las sustancias orgánicas, hicieron imposible el vitalismo. Friedrich Wohler quien sintetizó la urea, escribió a Berzelius que había sido testigo de una gran tragedia de la ciencia, la muerte de una bella hipótesis por un hecho feo. La bella hipótesis fue el vitalismo, el hecho feo era la plaza con los cristales de urea.
Sin embargo, casi todas las formas del vitalismo contemporáneo comparten la imposibilidad de la ciencia para producir la vida en sus laboratorios, puesto que se encuentra fuera de lo que la ciencia puede legítimamente afirmar, puesto que admiten que los fenómenos naturales tienen caracteres propios, diferentes de los físico-químicos.
No obstante se ha difundido entre los biólogos y los filósofos de la biología, esta premisa; en biología la explicación físico-química se integra necesariamente a la histórica y funcional: no se puede considerar sólo el “cómo” y pasar por alto el “con qué objeto” con el fin de comprender mejor su especificidad.

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